El relato de Yolanda Preciados

 

Han pasado ya cuatro meses desde que cinco mujeres, afectadas por cáncer, se enfrentaron  al reto de atravesar el Océano Atlántico en velero para transmitir un mensaje de esperanza y valentía: Carmen, Marian, Patricia, Susana y Yolanda. Tuvimos la oportunidad de acudir a despedirlas a la Marina Real Juan Carlos I de Valencia, desde donde iniciaron la travesía rumbo a Martinica a bordo del Cannonball.

Hoy tenemos el gran placer de contar con el testimonio de una de estas valientes, Yolanda Preciados, Agente de la Propiedad Inmobiliaria, dedicada a las inversiones inmobiliarias en el mercado internacional. Este es su relato:

YOLANADA PRECIADOS

«Me llamo Yolanda Preciados. Tengo el corazón partido entre dos lugares de las que me siento hija: Pamplona, donde nací y pasé mi infancia y adolescencia, y Mijas / Marbella, donde vivo y trabajo desde hace casi treinta años y en donde soy muy feliz. Soy Agente de la Propiedad Inmobiliaria y me dedico a las inversiones inmobiliarias en el mercado internacional. Estoy casada y lo mejor que tengo, es mi hijo maravilloso. 

Cuando la enfermedad nos sorprende, lo hace de sopetón. Se posiciona por delante de todas tus prioridades, de todos tus planes, de todos tus proyectos.

Hace más de diez años, mi ginecólogo me llamó para decirme que me habían detectado un adenocarcinoma en el cuello de útero en una citología rutinaria.

Ese maldito año lo comencé perdiendo a mi querido padre por culpa de la leucemia. Ocho meses después, visitaba de nuevo todos los departamentos de Oncología, pero esta vez para mí.

Me despedí de mi útero en Barcelona y dos años después, en pleno  viaje profesional en soledad, me estalló el ovario derecho y la trompa de Falopio. A esto se le llama Torsión Ovárica Completa. Paseando por Granada me pilló y casi me voy con mi padre. La operación fue a vida o muerte, pero lo logré.  Desde entonces, tengo un solo ovario que, por cierto, me temo que empieza a fallar por la edad. Pero tengo que decir que ha sido de gran ayuda durante estos años y que ¡ha trabajado con más fuerza que dos grandes testículos!

Cuando la causalidad me topó con los representantes de TREX, tuve claro que yo podía ser una perfecta candidata para tomar parte en el RETO PELAYO VIDA TRANSATLÁNTICA.  Mi mejor baza; mi actitud.

¿Que tenía que enfrentarme a situaciones de miedo? No podían ser superiores  a las vividas anteriormente.

¿Que tenía que aprender a navegar bajo la exigencia de profesionales de élite olímpica? Algunas personas cercanas me habían dicho que no iba a ser capaz, así que me preparé lo mejor que pude, a solas, para demostrar lo contrario.

¿Que debía gestionar situaciones de crisis y estar a la altura? Mi vida profesional, a lo largo de estos casi treinta años, me ha formado para afrontar todo tipo de crisis y conseguir, a menudo, salir más reforzada incluso. Como mi hijo me define, soy una mujer RESILIENTE. Es aquí donde toma valor el apoyo de las personas que te acompañan en la vida en estas situaciones. En la Travesía, mis compañeras y yo hemos hecho piña y nos hemos apoyado incondicionalmente.

¿Que iba a tener momentos de soledad a los que enfrentarme? Francamente, los necesitaba. Pero disfruté mucho cuando los rompía con nuestras larguísimas conversaciones de turnos de navegación acompañada de mis niñas y sobre todo con Eric Frattini y Diego Fructuoso.

¿Que tendría que acostumbrarme a la incomunicación con mi familia, especialmente con mi hijo? Resultó lo más duro del viaje, pero su apoyo incondicional fue la gasolina que me hizo conseguir llegar a Martinica con todas mis fuerzas.

Experimenté lo que es darle la vuelta a las cosas. Como alguien dijo, hasta una patada en el culo, te manda hacia adelante. Eso he vivido con la transatlántica y con la enfermedad.

Pensar que gracias al cáncer, iba a recibir todas las muestras de apoyo de tanta gente, el cariño de los sponsors,  la atención de la prensa, el respeto de las Instituciones, el poder representar a un colectivo de personas que han vivido lo mismo que yo, experimentar la travesía transatlántica en común con mis compañeras tan queridas; todo esto y más, ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida.

Como miembro de “este club” de afectadas por el cáncer ginecológico, me tomo la libertad de avisaros, que lo que condicionará vuestra vida en el periodo de tiempo en el que estáis luchando contra la enfermedad, será en un noventa y nueve por ciento vuestra actitud. Tenéis que alejaros del miedo, del rubor, de la impotencia y de la rabia. Acumular fuerza, entereza y paciencia. Aprender a ver la vida con una perspectiva más amplia y, por último, apoyaros en personas positivas que os sumen.  

Cuanto menos penséis en el problema, mayor será vuestra victoria.

Un abrazo a todas.»

Yolanda Preciados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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